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sábado, 31 de diciembre de 2011

Los regalos de navidad

Nos fuimos a pasar las fiestas a la playa bonaerense, felices de la vida de poder festejar solos, como dos tórtolos, lejos de las reuniones multitudinarias de familia y del consumismo que la ciudad de la furia te impone.
Decidimos ir a brindar frente al mar. 11:55 pm. M1 se da cuenta que quería fumar un cigarrillo. Dimos vueltas por la ciudad con la ilusa esperanza de dar con un kiosko. La medianoche nos agarró en pleno recorrido, así que bajamos del coche y abrimos el champán para brindar frente al mar. Unos minutos después dos niñas de veintidós pequeños años, pasaron frente a nosotros. M1 les pidió un cigarrillo y ahí comenzó la charla.
No hace falta decir que las niñas eran divinas en todo sentido. Rubias, con dos metros de piernas, ni medio gramo de más y con la mitad de ropa con la que yo había salido. No se si fue el espíritu navideño o será que el instinto maternal fue lo que me trajo Papá Neol de regalo, pero cuando dijeron que iban a una fiesta a 20 kilómetros, así desvestidas y con el frío que hacía, no pude sino mirar a M1 y decirle "llevemos a las niñas a la fiesta".
Tengo que reconocer que yo hablé mucho con las niñas y después de un rato ya estábamos como si fuesen mis sobrinas. Por eso cuando llegamos a la fiesta decidimos quedarnos un rato y parrandear con ellas. Copa va, copa viene, charla de chicas en el baño y discusión filosófica sobre varios temas, pasamos casi toda la noche con ellas. M1, divertido, alentaba a las niñas que me sigan, al grito de "vayan la tía Dora a maquillarse!". Que divino! pensaba. Él ahí llevando y trayendo, teniendo mi bolso mientras nosotras bailábamos y ocupándose que no se vacíen las copas.
Al día siguiente, pensando en la extraña noche que habíamos tenido, caigo en cuenta lo que pasó. Tan evidente que, claro, ni me enteré lo que pasaba. Las niñas me miraban con admiración y, en palabras de M1, eran parte de mi club de fans. En su juventud, no podían creer que un joven (por que sigo siendo joven, eh) matrimonio salga a bailar, viaje, estudie, trabaje y todavía pueda pasar una noche bailando. Yo lo que quería era charlar un rato con alguien que no sea M1, porque casi ni habla y porque después de la primer década los temas de conversación van menguando en la pareja. También me toca decir que me sentí halagada por tanta atención de un par de cuasi menores con esas piernas encima, que en vez de flechar corazones y billeteras en una fiesta glamorosa, prefirieron hablar con una domadora vestida para pasar un domingo en familia. Pero... qué ganaba M1 en esta loca situación? Lo que el Sr. anhelaba, soñaba, y le pedía con desesperación a Santa, era un ménage à trois!